jueves, 20 de diciembre de 2012

It's the end of the world



Lo siento, no podía ser de otra forma, soy muy influenciable. El trending topic de las últimas semanas ha condicionado mi reflexión anual. ¿Se acaba el mundo tal y como lo conocemos? Parece que nos hemos empeñado en que así sea. No me refiero a catástrofes naturales apocalípticas que hagan que nos extingamos, sino a este “reboot” que se está (bueno, nos están) produciendo en muchos de los aspectos de nuestra vida.
Ya lo decía un gran sabio que tuve la suerte de conocer, “tú tira pa’lante”. Y es que al final no hay otra, o sigues adelante o el fin del mundo te pillará. Se trata de correr más que él.
Aquí en nuestra familia parece que corremos más y gracias a que se mira hacia adelante seguimos creciendo en proyectos, ilusión y sobre todo, en personas, amigos y compañeros que son los que hacen que realmente todo marche. La familia crece también de forma virtual. Durante este año se ha incorporado a nuestra comunidad la querida Famili, esos muñequitos tan simpáticos como inexpresivos, ¿por qué sólo tendrán cejas en el rostro? (bueno Wili tiene ojos). Igual el 2013 nos presenta a Pili, Mili…
Como siempre, demos la bienvenida a nuestr@s nuev@s compañer@s de reciente incorporación y hagamos que se sientan integrados y partícipes en nuestra Famili, la de los componentes con ojos, cejas, nariz, boca. 
Casi desde que existimos y tenemos algo más de dos dedos de frente estamos pensando en cuándo y cómo se nos va a acabar estoTambién grandes de la música han tratado este tema:



Así que, por si acaso, adelantemos a hoy el envío de esta felicitación que os dedico con todo mi cariño

martes, 20 de diciembre de 2011

Villancicos irreverentes

Un par de villancicos algo fuera de lo normal, pero siempre con el buen humor por bandera.

Felices Fiestas

La marimorena

Merry Christmas

jueves, 27 de octubre de 2011

No te preocupes por el mundo que le vamos a dejar a nuestros hijos...

...si no por los hijos que le vamos a dejar al mundo.

Con el permiso (espero) de Leopoldo Abadía me atrevo a tomar gran parte de su artículo prestado y reproducirlo aquí.

Me escribe un amigo diciendo que está muy preocupado por el futuro de sus nietos.
... Que no sabe qué hacer: si dejarles herencia para que estudien o gastarse el dinero con su mujer y que "Dios les coja confesados". Lo de que Dios les coja confesados es un buen deseo, pero me parece que no tiene que ver con su preocupación.


En muchas de mis conferencias, se levantaba una señora (esto es pregunta de señoras) y decía esa frase que me a mí me hace tanta gracia: "qué mundo les vamos a dejar a nuestros hijos?" Ahora, como me ven mayor y ven que mis hijos ya están crecidos y que se manejan bien por el mundo, me suelen decir "¿qué mundo les vamos a dejar a nuestros nietos?" Yo suelo tener una contestación, de la que cada vez estoy más convencido:
"y a mí, ¿qué me importa?!"
Quizá suena un poco mal, pero es que, realmente, me importa muy poco. Yo era hijo único. Ahora, cuando me reúno con los otros 64 miembros de mi familia directa, pienso lo que dirían mis padres, si me vieran, porque de 1 a 65 hay mucha gente. Por lo menos, 64. Mis padres fueron un modelo para mí. Se preocuparon mucho por mis cosas, me animaron a estudiar fuera de casa (cosa fundamental, de la que hablaré otro día, que te ayuda a quitarte la boina y a descubrir que hay otros mundos fuera de tu pueblo, de tu calle y de tu piso), se volcaron para que fuera feliz. Y me exigieron mucho. Pero qué mundo me dejaron? Pues mirad, me dejaron:

1. La guerra civil española
2. La segunda guerra mundial
3. Las dos bombas atómicas
4. Corea
5. Vietnam
6. Los Balcanes
7. Afganistán
8. Irak
9. Internet
10. La globalización

Y no sigo, porque ésta es la lista que me ha salido de un tirón, sin pensar. Si pienso un poco, escribo un libro.
¿Vosotros creéis que mis padres pensaban en el mundo que me iban a dejar? Si no se lo podían imaginar!
Lo que sí hicieron fue algo que nunca les agradeceré bastante: intentar darme una muy buena formación. Si no la adquirí, fue culpa mía. Eso es lo que yo quiero dejar a mis hijos, porque si me pongo a pensar en lo que va a pasar en el futuro, me entrará la depre y además, no servirá para nada, porque no les ayudaré en lo más mínimo. A mí me gustaría que mis hijos y los hijos de ese señor que me ha escrito y los tuyos y los de los demás, fuesen gente responsable, sana, de mirada limpia, honrados, no murmuradores, sinceros, leales. Lo que por ahí se llama "buena gente". Porque si son buena gente harán un mundo bueno. Por tanto, menos preocuparse por los hijos y más darles una buena formación:
que sepan distinguir el bien del mal,
que no digan que todo vale,
que piensen en los demás,
que sean generosos. . . .

En estos puntos suspensivos podéis poner todas las cosas buenas que se os ocurran. Al acabar una conferencia la semana pasada, se me acercó una señora joven con dos hijos pequeños. Como también aquel día me habían preguntado lo del mundo que les vamos a dejar a nuestros hijos, ella me dijo que le preocupaba mucho qué hijos íbamos a dejar a este mundo. A la señora joven le sobraba sabiduría, y me hizo pensar.

Y volví a darme cuenta de la importancia de los padres. Porque es fácil eso de pensar en el mundo, en el futuro, en lo mal que está todo, pero mientras los padres no se den cuenta de que los hijos son cosa suya y de que si salen bien, la responsabilidad es un 97% suya y si salen mal, también, no arreglaremos las cosas.

Y el Gobierno y las Autonomías se agotarán haciendo Planes de Educación, quitando la asignatura de Filosofía y volviéndola a poner, añadiendo la asignatura de Historia de mi pueblo (por aquello de pensar en grande) o quitándola, diciendo que hay que saber inglés y todas estas cosas. Pero lo fundamental es lo otro: los padres.

Ya sé que todos tienen mucho trabajo,
que las cosas ya no son como antes,
que el padre y la madre llegan cansados a casa,
que mientras llegan, los hijos ven la tele basura, que lo de la libertad es lo que se lleva,
que la autoridad de los padres es cosa del siglo pasado.
Lo sé todo. TODO. Pero no vaya a ser que como lo sabemos todo, no hagamos NADA.

Leopoldo Abadía.